Messi, mal agradecido


Pep lo dijo muy clarito en la rueda de prensa: “Si hubiera continuado, tanto mis jugadores como yo nos hubiéramos hecho daño”. Ese mensaje no iba dirigido a Piqué, ni a Xavi, que estaban presentes y muy serios. Messi fue el único jugador emblemático de la plantilla que no quiso asistir a la rueda de prensa de despedida de Pep. “Messi está” repondieron Rosell y Guardiola, sin dar más explicaciones, a esta ausencia. Dan igual los motivos, tenía que haber estado ahí.
Y es que Leo ha sido la gota que ha colmado el vaso de Guardiola. Pep hizo un Barça a la medida del argentino, todos jugaban para dale el balón o generar ese espacio que permitiera las incursiones al área del falso nueve. Y Messi se lo ha agradecido gritándole en el vestuario cuando no alineó a su amigo Cesc contra el Madrid o mirando al suelo cuando les anunció el once inicial de la vuelta contra el Chelsea. La actuación de Leo en este final de temporada ha sido penosa y quizás una especie de venganza contra el técnico que no hizo las cosas como él quería.
Ahora es joven y está endiosado -nunca mejor dicho- pero con el paso de los años se dará cuenta de que si llegó a ser lo que es, se lo debe en buena parte a un entrenador que le enseñó los secretos de un método de juego y creó un sistema para explotar al máximo sus virtudes. Seguro que Guardiola también se echa la culpa de haber dado tanto poder a su jugador estrella.
Tengo dos cosas muy claras. Cuando acabe su carrera, Messi tendrá la vitrina llena de títulos con el Barça de Pep. A ver cuantos suma con Argentina o con otro entrenador que no sea Vilanova, cuya función será mantener los métodos de Guardiola. Y otra: este equipo siempre será recordado como el Barcelona de Guardiola, no como el Barça de Messi. 

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