El repertorio de José Carlos Fernández con los brazos abiertos, la garganta de ópera y el alma desnuda resumió lo que ayer vivieron los apasionados. Porque esos pequeños segundos fueron los instantes cruciales en el que uno pudo entender la victoria de Alianza Lima (1-0) sobre Universitario.
Y es que los tres puntos de ayer de los íntimos no eran para tomarlo a partir de un ¿cómo?, sino desde un ¿por qué? Cada uno sabe su propia realidad y de ello las dos escuadras tenían mucho por contar. Sobreviven en medio de una incertidumbre dirigencial de los mil demonios, sobre todo los blanquiazules.
Los dirigidos por José Soto llegaban con la motivación del respaldo familiar. Se encargaron de dejar mensajes de aliento, antes del cotejo. Hasta lágrimas cayeron de los protagonistas. Así, imposible perder, ¿no?
Entonces, era el momento de salir con todo. Ibáñez, Rabanal, Quinteros y Meneses eran la columna vertebral. Y así a los 31’ del primer tiempo aparecería Meneses para enviarle un pase con veneno a “Barney”. Este último la peinó y se la dejó en el aire a un asesino del área...
“Zlatan” llegó con el espíritu de un gladiador y de un derechazo le rompió las redes al guardameta crema Luis Llontop. ¡Golazo...! El Nacional vibraba como un Coliseo Romano. El pueblo grone deliraba.
Para la etapa complementaria, “Chemo” soltaría a una de sus fichas preferidas. Carlos Olascuaga ingresaría... en lo que fueron los minutos de infarto para los locales. Los merengues se fueron con todo, con el “corazón valiente” a la altura del escudo.
Salvo una pinturita de Quinteros (casi lo cuelga al uno estudiantil), todo sería para los de Ate. La expulsión de Ascues a los 72’ ayudaría para incrementar esa agonía. Palos. ¡Ufff...! Casi. Manos en la cabeza. No entró nada más. Más de uno terminó con la piel de “gallina”.
Al final solo celebraron los de Sur. En ese lugar donde todavía hay ecos de gloria. Ecos de un clásico ganado.

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