Recientemente fue estrenado el documental titulado “Bad Blood” en el
que se relataban todas las incidencias que rodearon la amistad y
posterior animadversión entre dos de los grandes íconos del UFC: Tito
Ortiz y Chuck Lidell.
En el mismo, ambos hablaban de cómo formaron parte del mismo campamento por mucho tiempo y de cómo su convivencia fraternal se convirtió paulatinamente en la primera gran rivalidad que conoció el octágono, justo cuando Lidell reclamó la supremacía en esa categoría, perteneciente por mucho tiempo a Ortiz.
Tito fue el primer campeón histórico del UFC. Luego de defender con éxito el título en cinco oportunidades, prometió nunca pelear con Lidell por el cinturón ya que lo consideraba “un hermano”.
“The Iceman” convencido que podía convertirse en el líder de la categoría no dudó en dejar a un lado la amistad y declararse enemigo del “The People’s Champ” a quien venció en dos oportunidades.
Pero al final de cuentas, la competencia es la competencia. Ya en la actualidad del tema y la situación, la historia se repite en la división de las 205 libras.
Los protagonistas solo cambiaron de escenario. Rashad Evans siempre fue un consentido de Greg Jackson y fue el “Suga” que aprobó la llegada al mismo de un entonces joven Jon Jones proveniente de Rochester, NY, y que hasta el momento había descollado en pequeñas promociones de MMA.
Todo un experto y veterano del UFC, Rashad se convirtió en el mentor de Jones, a quien consideró su hermano menor.
Sin embargo, el destino le jugó otra mala broma a la amistad de ambos. Una recurrente lesión alejó a Evans de su pelea por el título frente a Shogun Rua en el UFC 128, permitiendo que Jones recibiera la oportunidad merced de un efervescente ritmo dentro del octágono. Fue una oportunidad sorpresiva incluso para el mismo Jones, que validó la confianza de Dana White dándole una paliza a “Shogun Rúa” y convirtiéndose en el monarca semicompleto más joven que haya visto la compañía.
En el mismo, ambos hablaban de cómo formaron parte del mismo campamento por mucho tiempo y de cómo su convivencia fraternal se convirtió paulatinamente en la primera gran rivalidad que conoció el octágono, justo cuando Lidell reclamó la supremacía en esa categoría, perteneciente por mucho tiempo a Ortiz.
Tito fue el primer campeón histórico del UFC. Luego de defender con éxito el título en cinco oportunidades, prometió nunca pelear con Lidell por el cinturón ya que lo consideraba “un hermano”.
“The Iceman” convencido que podía convertirse en el líder de la categoría no dudó en dejar a un lado la amistad y declararse enemigo del “The People’s Champ” a quien venció en dos oportunidades.
Pero al final de cuentas, la competencia es la competencia. Ya en la actualidad del tema y la situación, la historia se repite en la división de las 205 libras.
Los protagonistas solo cambiaron de escenario. Rashad Evans siempre fue un consentido de Greg Jackson y fue el “Suga” que aprobó la llegada al mismo de un entonces joven Jon Jones proveniente de Rochester, NY, y que hasta el momento había descollado en pequeñas promociones de MMA.
Todo un experto y veterano del UFC, Rashad se convirtió en el mentor de Jones, a quien consideró su hermano menor.
Sin embargo, el destino le jugó otra mala broma a la amistad de ambos. Una recurrente lesión alejó a Evans de su pelea por el título frente a Shogun Rua en el UFC 128, permitiendo que Jones recibiera la oportunidad merced de un efervescente ritmo dentro del octágono. Fue una oportunidad sorpresiva incluso para el mismo Jones, que validó la confianza de Dana White dándole una paliza a “Shogun Rúa” y convirtiéndose en el monarca semicompleto más joven que haya visto la compañía.
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